domingo, 15 de junio de 2014

El vagón numero 7; The Ceiling


Chirriaron los frenos del transiberiano , el tren de las 8.30 dirección Pekín y la maquina se fue deteniendo de golpe. El vagón numero 7 de los 12 que conformaba el aparato se encontraba  medio vacío, las luces se fueron apagando de manera intermitente, dejando un ambiente apagado, sombrío y  tenso
. Los pocos pasajeros que se encontraban  tenían  cara de intimidados, acobardados e sobresaltados. La estridencia y la súbita sacudida despertaron al instante a  una cándida a la vez que reservada y vivaz chica rubia, que dormía sentada en el compartimento derecho del tren. Las maletas, y otros muchos objetos se vinieron abajo, provocando un autentico caos y alboroto en el vagón, una estampa propia a ser retratada en las modernas redes actuales de instagram, que  evidentemente algún avispado clicó para hacérsela rápidamente suya.


Yo estaba hasta ese instante plácidamente whatsapeando con mis amigos sobre mis lances y acontecimientos por el extranjero sin dejar de mirar de reojo a una rubiales que estaba sentada adormecida frente a mí, se me hacía familiar.  Desde que la vi subir en la estación de Moscú, quede prendado de su mirada, y de su fina elegancia femenina; se dejaba entrever risueña, con chispa y magia, era ella pero sin ser ella. Mientras escribía a los colegas, mi cabeza estaba buscando mil excusas para verla, y hablarla,  aunque  fuera un segundo.


  El desconcierto propició que de repente me alzara de mi butaca,  tan solo estaba situado dos ringleras por detrás de ella lo que me permitió observar como algo se le caía del asiento contiguo donde ella amontonaba alguna de sus pertinencias. Sin madurarlo del todo, me levanté para recogerlo, se trataba de  un gran  libro de suspense desperdigado en el suelo a causa del súbito frenazo. Ella confundida por el ruido desempeño el vidrio de la ventanilla que tenía a mano derecha para indagar que sucedía;  sus ojos únicamente podían lograr contemplar el desangelado entorno de las frías tierras de oslo. Como mucho pudo apreciar y distinguir algún árbol y arbusto ataviado de nieve, y todo un desierto de color blanco propiciado  por una  descomunal tormenta que inundaba todo el paisaje de un blanquecino más propio de una estampa navideña que de unos días veraniegos.  En ese intervalo gentilmente algo exacerbado me abalance sobre ella:


-perdona! Creo que esto es suyo (– que tonto y que absurdo que me sentía)


_ oh si! gracias (con mirada de agradecida y una sonrisa de interés se aparto de la ventanilla  y se fue  quitando los cascos de su mp4 de la orejas)


_ “El psicoanalista”, Un gran libro, buen  gusto, sin duda pasará grandes momentos de tensión, y horas de enganche- le largue

_  Eso espero, aun no he tenido ocasión de leerlo, pero espero que me mantenga distraída igual que el último que pasó por mis manos que me entretuvo el verano pasado, la última novela escrita por Joël Dicker.

-Entiendo, ( fue lo único que salió de mi boca al tiempo que ambos reíamos )


Cada una de sus palabras suaves tenía un efecto sorprendente, cuando habla llena  todo de verdad, y hace que me olvide de las cosas al reírnos de nada.
Por un momento tuve que agacharle mi mirada, la timidez se apoderaba de mi cuerpo, ¡y ahora que le  digo! Me preguntaba.  Quería robarle más conversaciones  y carcajadas con ella. En ese instante el tren emprendió nuevamente a deslizarse sobre las vías, haciendo sonar con estruendo el silbato del vagón cosa que me hizo volver en sí.
Y no es posible explicar que no hice nada, en todo el tiempo que pasó todo este desbarajuste. Pues aun estoy aquí frente a ella, buscando mil y una excusas. El libro continua en el suelo, ella con sus cascos escuchando seguramente algún grupo desconocido por mí, sin saber ni tan siquiera de mi existencia  y yo a unos pocos metros con ganas de conocerla y es que mi cabeza  vislumbro toda esa escena que me hubiera gustado  tener con aquella otra rubia que me debía tanto un zumo como un sabroso bocadillo frente al mar y que  nunca se atrevió a confiar en darme la mano para tener una atractiva amistad. A veces los miedos pueden lastimar y  generar una inmensa inseguridad que nos convierten en viajeros, sin destino, sin camino, desorientados que nos privan y separan de personas. Hay que abrir la puerta siempre, y dejarse ilusionar antes que preferiblemente llorar y sufrir; es mejor remolcar y dejarse envolver por las risas y disfrutar de conversaciones que siempre se convierten en excusas para generar autenticas fiestas de noche y de día, pues eso, aunque parece algo bien común no es tan sencillo disfrutarlas, las nuestras salvo que lo flipe están repletas de complicidad, alegría  y de gansadas. El camino sencillo y de cobardes cuando alguien esta chof suele ser la de cerrar de golpe la amistad, gran fallo si cuando se necesita es activar las baterías y energías en modo positivo y nada mejor que con se puede gansear así como si nada, de manera espontanea  y natural. Abre los ojos , abre los sentidos, así  es como se verá el cielo, el mar, las estrellas, el tren , el viajero, la maleta, el libro, el horizonte, el camino, la magia, la chispa , la amistad, y  todo lo que  te propongas !!

Os dejo con The ceiling un tema de “The Wild Feathers” que llevo todo el día incorporado a mis oídos mediante mi mp4 espero que os guste.
               
            

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aunque sólo una vez en la vida,la respiración se aceleró, sentí por todo el cuerpo electricidad, todo desapareció a mi alrededor ..sólo los ojos de un desconocido y fue en un tren.
Fue una de las veces que más viva me he sentido.
Gracias por hacérmelo recordar.