jueves, 3 de agosto de 2017

Nuestra propia idea de la vida...ENTRE AMORES Y PALABRAS


Todo el mundo tiene su propia idea de la vida, de su gente, de los valores. Todo el mundo habla y habla, y mucho, sabe de la existencia de normas, entienden de reglas, pero todos a su manera. Abunda mucho lo de la ley del embudo, es decir, todo lo que hagas tú estará bien, siempre y cuando no supere lo del otro (entonces mira por donde ¡voila! será de putisíma madre).  Mientras no lo haga uno mismo (y lo haga otra persona) pues será eso, una opción más sin importancia y criticable. Personajes de este calibre, llamados generalmente envidiosos, celosos o tóxicos hay muchos. Estos pecan del llamado síndrome del yoismo buscando quitar merito a lo nuestro (a lo del resto), si con ello ven peligrar su protagonismo. Otro día os hablaré de ellos. Por suerte o por desgracia de estos he conocido alguno que otro, unos más simpáticos otros más tediosos, alguna más cínica… Pero no hay mal que por bien no venga, los cuales me han brindado experiencias que  servirán para inspirarme en alguno de mis escritos, porque os aseguro que la realidad supera siempre la ficción. Y este material amigo no puede estar escondido en un cajón bajo llave sin que nadie los conozca. 
 Pero volvamos al inicio, en aquella parte en la que todos tenemos nuestra propia idea de la vida, bla, bla, bla y sus reglas, pues del mismo modo todos tenemos nuestra idea del amor. De hecho creo recordar que el corazón se nos acelera, la endorfina surge efecto en nosotros y la cabeza nos cambia el chip concibiendo las más grandes locuras jamás antes pensadas.
 La oferta  y la demanda del amor en pleno siglo XXI, ha ido variando. En pleno 2017 el amor se vive de múltiples maneras: diferentes sexos, mismos sexos, relaciones abiertas, relaciones cerradas, diferentes colores, amores cibernéticos, amores de barras, hollywodienses, Disneynianas…  Las personas, la sociedad y la tecnología han evolucionado a pasos agigantados, y tanto el sexo débil, los hombres, y en especial el sexo fuerte, las mujeres, han derrumbado muros y puertas convirtiéndose en más independientes. Pero la fórmula sigue siendo la misma: EL RESPETO. Respeto al compromiso que la pareja hayan establecido, vivido y soñado conjuntamente.
Los escritores especie rara donde los haya tenemos una cierta necesidad en contar y exponer esas historias que se crean de toda esta gran variedad. Historias intensas, maquillándolas con nuestra obstinada imaginación, volcando cada una de las singularidades que nos llueve en la mente. Digo llueve, sí. Nuestra cabeza es un continuo temporal de ideas, palabras, truenos y relámpagos; lo más dificultoso es quedarse seco ante tal cantidad de tormentas de ideas, casi mejor pillar una balsa. Nuestro corazón no está ajeno al tema, no estamos blindado a ello, tenemos nuestras vivencias, aunque últimamente reconozco que me cuesta enamorarme (eso ya será cosecha de otro post cuando me decida desnudar mi alma). Nos gusta sentir esa sensación de meternos en la piel del protagonista y ver como recorre heroicamente toda una odisea donde el amor y desamor es tan solo el paso fronterizo del destino, al tirar endiabladamente la moneda buscando un final feliz o un drama de los que marcan época. Observo, escucho, provoco... Para sentir el encanto de la espontaneidad.  Soy un agitador de corazones y de mentes con el deseo de captar la naturalidad, la esencia, mi esencia,  tu esencia. Revivir cada sueño dibujando recuerdos que lleven a tu sonrisa, sí la tuya, una ausencia que devora mi impaciencia.
Cuando aparece el amor no se piensa, se siente y entonces ya lo sabes: Las pupilas se dilatan, el corazón se dispara y los sueños se hacen más profundos. No dejes que otros vivan por ti tu sueño

           

martes, 1 de agosto de 2017

La fábula del AULLIDO


De noche, perdido sin rumbo, solo en el bosque rodeado de rocosas montañas, de extraños y  amorfos árboles que me hacen perder la noción del tiempo, lo cual me propicia sentir un cierto nerviosismo. El miedo ansía romper el horizonte de mi equilibrio existencial invadiendo mi ser, el aire empieza a confundirse con el sudor de la inquietud con el de la frescura de la madrugada. Los ruidos se hacen más inquietantes, rompiendo el silencio y la seguridad en uno mismo. La brújula de la incertidumbre deambula entre el norte y el sur sin saber qué dirección seguir. ¡No sé qué hacer, pero no pienso derrumbarme!
Debo empezar de cero si quiero llegar a buen puerto. El cielo despejado, ni una sola estrella, ni tan siquiera la luna en la que poder refugiarme e iluminar mi caminar. Hoy me ha dado la espalda sin darme su brillo. Ni una chispa de idea que prenda una solución coherente. Impaciente, me enojo severamente con la situación. Soy un vagabundo roto, con el pelaje blanco grisáceo congelado en medio del corazón de un lugar llamado problema. La soledad como única compañera de viaje con las dudas y recuerdos como equipaje, dejando atrás esos sueños dorados.  Únicamente me queda el consuelo de llorar por dentro.  No tengo ni para beber salvo el tragarme la tristeza y dolor que invade mi cuerpo. Hastiado, indefenso y fastidiado de avanzar sin ton ni son, invirtiendo el este con el oeste, sin rumbo fijo. Sin olvidar tantas otras noches con los míos y ahora solo hablando en SOLEDAD gritándole al mundo lo desesperado que estoy.
Olfateo el terreno, contemplando el cielo, agudizo los sentidos para protegerme de cualquier adversidad. Mi respiración se acelera, algo fortuito me hace alzar la mirada, de repente aparece una brillante estrella fugaz, alargada y mágica.  Por un momento lo vi claro, tan solo duró un instante, el tiempo suficiente para suplicarle a la bella estrella fugaz que me mostrara el camino a casa. Y de nuevo otra estrella que se dejaba ver, guiándome por un camino por explorar.
Desde ese instante cuenta la fábula que la estrella fugaz acompaña a los lobos en busca de su territorio, con la certeza de poder encontrar su manada las noches sombrías y  tenebrosas que la recorren a ciegas. Y es en aquellas noches, que asoma la Luna en todo su esplendor con su media sonrisa, cuando aúllan con todo su ímpetu con el propósito de dejarle claro que de ningún modo les deje a solas despertar con su amiga la soledad.  
Si escuchas el gruñido o el aullido de un lobo cerca, no temas, está implorándole al universo que la luna no se vaya lejos de ellos.