martes, 1 de agosto de 2017

La fábula del AULLIDO


De noche, perdido sin rumbo, solo en el bosque rodeado de rocosas montañas, de extraños y  amorfos árboles que me hacen perder la noción del tiempo, lo cual me propicia sentir un cierto nerviosismo. El miedo ansía romper el horizonte de mi equilibrio existencial invadiendo mi ser, el aire empieza a confundirse con el sudor de la inquietud con el de la frescura de la madrugada. Los ruidos se hacen más inquietantes, rompiendo el silencio y la seguridad en uno mismo. La brújula de la incertidumbre deambula entre el norte y el sur sin saber qué dirección seguir. ¡No sé qué hacer, pero no pienso derrumbarme!
Debo empezar de cero si quiero llegar a buen puerto. El cielo despejado, ni una sola estrella, ni tan siquiera la luna en la que poder refugiarme e iluminar mi caminar. Hoy me ha dado la espalda sin darme su brillo. Ni una chispa de idea que prenda una solución coherente. Impaciente, me enojo severamente con la situación. Soy un vagabundo roto, con el pelaje blanco grisáceo congelado en medio del corazón de un lugar llamado problema. La soledad como única compañera de viaje con las dudas y recuerdos como equipaje, dejando atrás esos sueños dorados.  Únicamente me queda el consuelo de llorar por dentro.  No tengo ni para beber salvo el tragarme la tristeza y dolor que invade mi cuerpo. Hastiado, indefenso y fastidiado de avanzar sin ton ni son, invirtiendo el este con el oeste, sin rumbo fijo. Sin olvidar tantas otras noches con los míos y ahora solo hablando en SOLEDAD gritándole al mundo lo desesperado que estoy.
Olfateo el terreno, contemplando el cielo, agudizo los sentidos para protegerme de cualquier adversidad. Mi respiración se acelera, algo fortuito me hace alzar la mirada, de repente aparece una brillante estrella fugaz, alargada y mágica.  Por un momento lo vi claro, tan solo duró un instante, el tiempo suficiente para suplicarle a la bella estrella fugaz que me mostrara el camino a casa. Y de nuevo otra estrella que se dejaba ver, guiándome por un camino por explorar.
Desde ese instante cuenta la fábula que la estrella fugaz acompaña a los lobos en busca de su territorio, con la certeza de poder encontrar su manada las noches sombrías y  tenebrosas que la recorren a ciegas. Y es en aquellas noches, que asoma la Luna en todo su esplendor con su media sonrisa, cuando aúllan con todo su ímpetu con el propósito de dejarle claro que de ningún modo les deje a solas despertar con su amiga la soledad.  
Si escuchas el gruñido o el aullido de un lobo cerca, no temas, está implorándole al universo que la luna no se vaya lejos de ellos.
 

           

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